jueves, 12 de febrero de 2015

Cocido al amor de la lumbre

No hay nada más satisfactorio para aquellos que valoramos la amistad que pasar un fin de semana con los amigos de siempre, a los que la rutina y la vida ya no te deja disfrutar a diario pero que la misma que te aleja de ellos te compensa con la posibilidad de disfrutar unos de otros haciendo quedadas sin reloj de diferentes formas y maneras, como el que os traigo hoy a mi escondite, un encuentro anual, que empieza a ser tradicional en una casa rural. 


Este año nos fuimos a Mombeltrán, villa castellana situada en la provincia de Ávila, de la que hablaré en otra entrada con mas detalle y os mostraré las fotos de su castillo.

El encuentro lleva su pequeño esfuerzo en preparación: coordinar agendas, decidir lugar, momento, y...¡comidas!.Este año rodeados de unas cañas, decidimos que era hora de cambiar la tradicional paella por un cocido; idea bien acogida por todos pero...¿quién se atrevía a hacer un cocido tradicional para tantos? Me ofrecí voluntaria a probar, a pesar de confirmarles que sería mi primer cocido, pero confiando en que mi madre me daría todo tipo de detalles, en la ayuda que tendría por parte de alguno de mis amigos, supe que saldría bien y vaya si salió.

Ha sido una experiencia muy satisfactoria porque he intercambiado conversaciones con mi madre de "cómo hay que..," "no se te olvide llevar.." y eso no hace más que unir y acrecentar la relación materno - filial; por otra parte, es gratificador proponerte pequeños retos, sacarlos adelante y compartir el disfrute que proporciona: Ir haciéndole poco a poco, con paciencia; Ver cómo por la casa se iba respirando el aroma que invitaba a acercarte y asomarte al puchero; Conversaciones fugaces al lado del mismo. En fin, pequeñas ráfagas de felicidad que quedan en la memoria en el apartado de "buenos momentos"

La noche antes dejé los garbanzos de clase "pedrosillano", caracterizados por ser más pequeños y finos que el castellano, en remojo con agua caliente y una cucharada de sal gorda. Os diré que el agua debe de estar a una temperatura que se aguante con la mano, esto evitará que no nos queden ásperos después de la cocción.

El sábado, a una hora relativamente temprana y al son de las voces de los más pequeños, me desperté y después de dar los buenos días a los madrugadores papás y de poner la cafetera, me puse "manos en la masa"

Cogí el puchero de cerámica rojo de la abuela y que había llevado a la casa para tal fin y eché agua de manera generosa; intentando que el agua tuviera la misma temperatura que cuando llené el recipiente para poner los garbanzos a remojo.
Mientras cuidaba la cafetera, pelé y corte en trozos relativamente grandes un par de patatas de tamaño medio; son las encargadas de poner el caldo blanco.
Desagüe los garbanzos y los puse en cocción con las patatas y junto a los huesos: caña, rodilla y jamón, espinazo y trocito de tocino añejo.
Para que todo quede en su punto es imprescindible que se mantenga la misma temperatura; lo ideal es cocción media. De ahí que se hable de hacerle a fuego lento.

Hecho esto me puse a desayunar y charlar tranquilamente con mis amigos.
Al cabo de un rato uno de mis amigos "el ayudante" y yo, empezamos a preparar la carne de morcillo, a limpiar la gallina y los pies de cerdo.
Cuando los garbanzos llevaban hora y media cociendo empezamos a añadir cada tres cuartos de hora, más o menos el resto de ingredientes; primero el pie, luego la gallina, seguidamente la carne de morcillo y finalmente el tocino.
Mientras íbamos desengrasando el caldo con una espumadera y también sacando para dejar hueco a lo que íbamos añadiendo. El aspecto empezaba a ser verdaderamente atrayente. 

¡Ya sólo quedaba esperar! 
Era el momento de tomar una cerveza y un pequeño aperitivo, parecía que habíamos salido para adelante con el reto. 
Lo último que añadimos fue el relleno.
A decir verdad, no dejamos de vigilar en ningún momento. Intentando mantener siempre en el mismo grado de cocción. 
Después de cuatro horas y media con plena dedicación pudimos servir la sopa, apartar la vianda y sentarnos a comer acompañados de una botella de Protos, que le dio el toque final. 






Fue un gran día y un buen fin de semana.
¡Qué aproveche! Y...disfrútenlo si se animan a compartir este suculento plato con los suyos.

3 comentarios:

  1. No hay nada como el cocido, levanta a un muerto (de frío, claro). Yo lo cocino con algunas diferencias; tu cocina es mucho mas tradicional pero seguro que con tanto cariño como le pones, esta mucho mejor. Te dejo el enlace de la receta que publique hace tiempo en mi blog de cocina, que tengo un tanto abandonado. Besos http://gela0407.blogspot.com.es/2012/02/el-cocido-para-ocho-o-mas-raciones.html

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